Síndrome de Cotard. La extraña sensación de estar muerto.


Síndrome de Cotard o delirio nihilista

Sin lugar a dudas el funcionamiento de nuestro sistema nervioso es sumamente complejo, lo cual genera en ciertas ocasiones en las que algo no funciona adecuadamente una ingente cantidad de síndromes que pueden resultar difíciles de creer y de diagnosticar. Por norma general, un cerebro sano nos da una concepción unitaria y con sentido acerca de la realidad, sin embargo, existen alteraciones que pueden hacer que nuestra manera de percibir las cosas se rasgue o distorsione totalmente sin que seamos capaces de darnos cuenta y que asumamos esta deformación de la realidad como la más absoluta verdad.


El insólito Síndrome de Cotard recibe su nombre del neurólogo francés Jules Cotard, quien a finales del siglo XIX acuñó el término de Síndrome de Negación para describir el caso de una mujer que creía estar muerta y tener podridos todos los órganos internos. Esta persona, según describe el neurólogo, al creer que estaba suspendida en algún punto entre el Cielo y el Infierno, no creía necesario comer, ya que el planeta Tierra había perdido todo su significado para ella.


SÍNTOMAS


Se trata de un desorden mental que deja al descubierto la complejidad del funcionamiento de nuestro cerebro y es además considerado uno de los síndromes mentales más raros y con menor incidencia. Quienes lo padecen creen estar muertos o pertenecer a un plano de la realidad que no se corresponde al del resto de personas y objetos. Clásicamente, estas personas niegan la existencia de su cuerpo como algo vivo. Así, pueden creer que su carne se está pudriendo, que sus órganos internos están desapareciendo o que de alguna manera figurada ellos mismos han dejado de existir. Existen pacientes que tienen la sensación de ser inmortales, e incluso se dan casos de algunos que sólo perciben algunas partes de su cuerpo como algo extraño o que está descomponiéndose. Se han descrito casos en que los enfermos llegan a tener alucinaciones olfativas, de tal forma que perciben su propio olor como putrefacto. Aunque los aquejados de esta patología son capaces de percibir sensorialmente su propio cuerpo (por ejemplo, pueden verse en un espejo, al igual que todas las personas sin alteraciones de visión) lo notan como algo extraño o como si no existiera. Al creer que algunos de sus miembros o ellos mismos están muertos pueden llegar a cometer actos de violencia contra su propio cuerpo y, en los casos más graves, pueden incluso acabar con su propia vida.



INTENTAR COMPRENDERLO: LA DESREALIZACIÓN


Imagina que estás en una habitación con poca luz y colocas una de tus manos ante los ojos. Verás la silueta de una de las partes de tu cuerpo, que es algo que ya has memorizado a lo largo de tu vida, y notarás que sus movimientos se corresponden a los que tú quieres que haga. Sin embargo, la oscuridad puede hacer que tengas la sensación de que la mano no es tuya o está disociada de ti en algún aspecto. Algo así es lo que viven las personas con Síndrome de Cotard: toda la información sensorial acerca de ellos mismos y el entorno parece en regla, pero a pesar de ello persiste la sensación de que nada de eso tiene significado o es irreal.



CAUSAS


Sus causas se encuentran, obviamente, en el funcionamiento del cerebro. El procesamiento de la información proveniente del exterior es correcto pero lo que falla es la respuesta emocional de la que debería acompañarse este procesamiento. Por eso, se cree que la raíz principal del delirio nihilista (como también se conoce al síndrome de Cotard) se encuentra en el funcionamiento anómalo de la parte del encéfalo asociada al procesamiento de las emociones: el sistema límbico, en la base del cerebro. Las funciones principales de esta región del cerebro es la motivación por la preservación del organismo y la especie y la tarea de integrar nuestro medio interno con el externo antes de realizar una conducta.


Esta patología nos enseña que el cerebro humano lleva a cabo tareas muy complejas y variadas para que podamos percibir e interpretar cómodamente la realidad. Que este proceso sea automático y la mayoría de las veces salga bien no significa que alguna de estas piezas no pueda llegar a fallar, originando uno de los síndromes más extraños e inusuales que se hayan podido describir.



CASOS EN ESPAÑA


En España apenas se conocen casos. Según el testimonio de una familia cuya hija ha sido diagnosticada en nuestro país con el Síndrome de Cotard, la paciente a veces dice que no puede andar porque la mitad de su cuerpo sigue en la cama; otras, se niega a comer porque su estómago, asegura, ha desaparecido, e incluso en ocasiones piensa que está muerta, o que lo está toda la familia. Sobrellevar esta situación en el seno familiar se hace sumamente dolorosa y en ocasiones incluso insostenible. La falta de recursos para gestionarla llega a afectar trágicamente al entorno inmediato del paciente mermando la calidad de vida de este y de sus allegados.


Existen muy pocos estudios al respecto en nuestro país y, en general, tampoco abunda la literatura científica en otros países. Su escasa frecuencia y su dependencia de otras enfermedades de base hacen que solamente se hayan publicado estudios observacionales a propósito de uno o de pocos casos concretos. Aunque sus síntomas son más o menos claros y suelen asociarse a trastornos previos como depresiones psicóticas graves o esquizofrenias, su origen no lo es tanto, lo cual limita los recursos médicos para afrontar de manera eficaz esta patología.


El doctor Sánchez Pérez, coordinador de la Unidad de Psiquiatría Geriátrica del Hospital Sagrat Cor en Martorell (Barcelona), es uno de los pocos médicos españoles que ha tratado algunos de estos casos -no más de una docena- y ha publicado varios estudios al respecto. La serie con mayor número de casos fue publicada en 1995 por Germán E. Berrios, un psiquiatra peruano afincado en Cambridge, con 100 casos documentados de síndrome de Cotard.


El doctor Sánchez Pérez cuenta el caso de una familia en la que su madre sufrió una repentina desorientación y llamó a su hija diciendo” que no sabía hacer absolutamente nada”. Tras dos años visitando a diferentes especialistas descubrieron finalmente que sufría el curioso y aterrador síndrome de Cotard. El diagnóstico de este síndrome es complejo: casi siempre se llega a él mediante la observación de los síntomas descritos y aunque se realizan exploraciones complementarias sirven más bien para descartar otras patologías. También es frecuente confundirlo con otro tipo de trastornos mentales, lo que llega a una elección errónea en cuanto al tratamiento.


La paciente fue tratada con terapia electroconvulsiva (TEC). Se le aplicaban sesiones cada 48 horas que se fueron distanciando en el tiempo hasta que pudo hacer prácticamente vida normal. Esto supuso varios años de TEC y la consiguiente pérdida de memoria asociada a este tipo de proceso. El tratamiento habitual incluye el uso de psicofármacos, que suelen resultar efectivos para el control de los síntomas psicóticos y de la depresión subyacente, pero el tratamiento más efectivo es, todavía hoy, la terapia electroconvulsiva», apunta Sánchez Pérez. Este método, administrado en la actualidad de forma muy controlada y segura, tiene una tasa de éxito del 80 por ciento


Uno de los mayores problemas con los que se han encontrado las personas aquejadas de esta patología tan singular es la falta de conocimiento y comprensión. Su presentación es infrecuente y su incidencia real no se conoce, ni su evolución exacta. No se puede determinar todavía si un paciente que ya ha presentado un brote volverá a tenerlo o si se ha curado por completo. Asimismo se desconoce si superará el siguiente. No existen tampoco asociaciones de apoyo a los familiares en nuestro país. Desde la Administración es complicado conseguir ayudas económicas para hacer frente a un tratamiento que no es barato para además un número tan escaso de afectados. En estos casos la vivencia es supervivencia.

Si les ha gustado el artículo, espero que les guste también el relato ficticio que he escrito sobre una mujer cuyo esbozo mental hace entender que pueda padecer el síndrome de Cotard. Aunque con algunas licencias literarias, he intentado meterme en la piel de una persona enferma con el deseo de que mi relato ayude a entender un poco mejor el desarrollo interior de una paciente en el apogeo de su sufrimiento. Imbuirnos en la situación de otros y generar empatía puede resultar un paso social importante ante la aceptación de una patología tan sumamente extraña como esta o incluso de algunas muchas más a la orden del día: Las Flores Marchitas.




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