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Síndrome de Bálint: cuando el ojo mira pero el cerebro no ve


El sistema visual es uno de los sistemas sensoriales más valiosos y desarrollados para el ser humano. Gracias a él somos capaces de detectar la presencia de los diferentes elementos que forman parte de nuestro entorno así como de identificar su forma, proporciones y posición en el espacio y en relación a nosotros.


Sin embargo, en ocasiones, este sistema puede dañarse por algún motivo, o bien pueden hacerlo las áreas cerebrales encargadas de su gestión o de la interpretación de los datos que de él se derivan.


En el síndrome que vamos a describir a continuación, el paciente posee trastornos visuales graves a pesar de que el ojo está en perfecto estado. Es el área del cerebro encargada de gestionar la información y de elaborar una respuesta la que se encuentra dañada.



¿EN QUÉ CONSISTE?


En la literatura científica no hay cifras exactas sobre la prevalencia del síndrome de Bálint pero es un síndrome poco frecuente en el que el paciente experimenta severas alteraciones en el procesamiento de las imágenes que ve y en la coordinación de sus movimientos.


Se han descrito cuatro categorías principales de síntomas:


1. Imposibilidad de procesar las imágenes como un conjunto: dentro del campo visual del paciente solo tiene cabida un objeto a la vez. A este trastorno se le conoce como simultanagnosia o inatención visual. El sujeto tiene graves dificultades para captar estimulaciones visuales complejas, las cuales puede no entender. Además de ello es frecuente que exista un elevado grado de desorientación en el espacio.


Por ejemplo, al ver un cuadro puede ver una "mujer", un "juguete" y un "niño", pero ser incapaz de advertir que se trata de una mujer dando un juguete a un niño.


Es una situación chocante porque son capaces de ver hasta el más mínimo detalle (manchas, objetos minúsculos) pero son incapaces de «ver» en la globalidad por lo que se comportan como si fueran ciegos en la mayoría de situaciones.


2. Problemas para coordinar los movimientos de los brazos de acuerdo a lo que se está viendo: Imposibilidad de coger o tocar un objeto presentado en el campo visual a pesar de no existir alteraciones motoras o visuales.


Es el caso de quien, al encender un cigarrillo, no acierta con la punta y lo quema por la mitad. Todo ocurre como si el paciente estuviera dotado de una visión normal, pero fuese incapaz de ajustar sus gestos a su visión del entorno. Existe un problema de coordinación de la mano al curso de movimientos guiados por la vista. A esto se le conoce como ataxia visomotora.


3. Problemas para mover los ojos: Incapacidad para dirigir los ojos hacia un punto determinado del campo visual a pesar de que el movimiento ocular no esté afectado.


Puesto ante un escritorio, personas o un escaparate, el sujeto permanece con la mirada fija sobre un elemento de la escena, sin poder apartarla del mismo. A esto se le denomina parálisis psíquica de la mirada.


4. Por último, también es frecuente que aparezcan alteraciones como la agnosia visual: la persona que padece este síndrome es incapaz de entender o identificar lo que está viendo. Puede dar lugar a fenómenos como la prosopagnosia (ausencia de reconocimiento de caras).



¿CÓMO SE DESCUBRIÓ?


Fue el neurólogo húngaro Rudolph Bálint, en 1909, quien descubrió estos síntomas en un paciente, ligándolos a lesiones cerebrales en la zona parietal especialmente en las zonas en contacto con el occipital. Esta grave condición médica es frecuente en lesiones cerebrales que afectan a ambos hemisferios.


Regiones del cerebro


En el historial del paciente que más tarde atendería Bálint constaba que, tras una serie de desvanecimientos, el sujeto sentía que su visión había cambiado, si bien se mostraba incapaz de describir cómo. Ya no podía leer, escribir ni dibujar. Hospitalizado, se le tuvo en tratamiento durante cuatro años sin que su estado mejorase. Ingresó después en la clínica de Bálint, donde fue atendido hasta que murió. En su artículo, el neurólogo informaba de la evolución del paciente en los años de hospitalización. La autopsia del cerebro evidenció ciertas lesiones cerebrales.


Finalmente Hécaen y Ajuriaguerra, en 1953, configuran definitivamente el cuadro que describe el síndrome, consistente en la parálisis psíquica de la mirada, ataxia visomotora e inatención visual, recibiendo entonces la denominación de Síndrome de Bálint.



¿CÓMO SE ORIGINA?


Las causas de estas lesiones pueden ser múltiples: desde la presencia de accidentes cerebrovasculares hasta traumatismos craneoencefálicos que afectan a las zonas anteriormente mencionadas.


Además de ello, pueden encontrarse algunos casos provocados por enfermedades neurodegenerativas como las demencias. También aparece en ocasiones como complicaciones derivadas de la infección por VIH.



¿CÓMO AFECTA AL PACIENTE?


En la mayoría de los casos, este síndrome se presenta de manera muy repentina, con lo que los individuos aquejados tienen graves problemas para continuar con normalidad su vida diaria.


Presentan dificultades para coordinar visión y motricidad y es posible que no sean capaces de percibir correctamente lo que les rodea con lo que aspectos tan cotidianos como vestirse o alimentarse se complican en gran medida en algunos casos, así como cualquier actividad que exija motricidad fina y visión. La lectoescritura se dificulta o resulta imposible, al igual que la conducción o el manejo de maquinaria.


En ocasiones pueden presentarse problemas comunicativos ante la dificultad para asociar conceptos con sus imágenes correspondientes.


Además, dado que suele aparecer de forma abrupta como se ha mencionado con anterioridad, supone una interrupción importante de su modo de vida que puede generar graves efectos psicológicos, no siendo raro experimentar ansiedad, angustia e incluso depresión.



¿EXISTE TRATAMIENTO?


Debido a que este síndrome ocurre raramente y es relativamente desconocido para los médicos, es muy difícil diagnosticarlo adecuadamente. A veces se llega a un falso diagnóstico tal como ceguera, psicosis o demencia. Esto da como consecuencia un tratamiento inadecuado o insuficiente. Una distorsión de la imagen grave que se produce de forma espontánea y aguda tras un daño parietal bilateral, sugiere fuertemente la presencia del síndrome de Bálint.


Debido a que es secundario a una lesión cerebral severa, el tratamiento está dedicado a mejorar e intentar recuperar las funciones perdidas a partir de la rehabilitación. En la mayoría de casos el tratamiento más eficaz se centra en la terapia ocupacional, con un entrenamiento alternativo en las actividades de la vida diaria que permita en la medida de lo posible disminuir las dificultades del paciente y potenciar sus habilidades. La adaptación del entorno del individuo que lo padece puede resultar clave para que este pueda desenvolverse de la manera más autónoma posible.


Es necesario contar también con asesoramiento y tratamiento psicológico en los casos en los que sea necesario. Esto facilitará también la adaptación del paciente a su nueva situación y a participar de manera más activa y eficaz en el entrenamiento propuesto en su rehabilitación.


Es posible lograr cierto nivel de recuperación, aunque obviamente dependerá de varios factores:

- Tipo de lesión que haya causado el síndrome

- El estado de las neuronas dañadas

-Estrategias que permitan recuperar o compensar las funciones típicas de las áreas lesionadas.



CONCLUSIÓN


El número de síndromes y patologías infrecuentes y de características extrañas es muy extenso. La difusión de las mismas es fundamental para que puedan ser descritas y tratadas de la manera más adecuada posible, pero también para abrir la mente de toda una sociedad que debe aprender aún mucho en cuanto a inclusión social se refiere. Entre antes comprendamos que existe un sinfín de personas con características diferentes a la mayoría, antes haremos una sociedad más flexible y empática en el que todas las personas con diversidad funcional limitada puedan sentirse parte de ella.


“Visión es el arte de ver las cosas invisibles.”
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©2018 by  Arima Rodríguez