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Por qué los millenials no se saben la composición del champú

Actualizado: 9 de ene de 2019


Mucho se ha hablado hasta ahora de que los millennials no conocen el vínculo existente entre una cinta de casete y un bolígrafo, o por qué era tan importante hasta hace unos años que el locutor de un programa de radio no hablara hasta que no terminara nuestra canción favorita. Este tipo de cosas solemos comentar, con cierta sonrisa evocadora, los que ya tenemos una edad cuando miramos con nostalgia a estas nuevas generaciones que tan anticuadas encuentras nuestras costumbres de juventud. Sin embargo, pese a las páginas de Facebook que engrandecen épocas pretéritas, publicaciones literarias que nos retrotraen a nuestro ya añejo EGB o incluso reuniones de antiguos alumnos que sirven para recordar la talla que teníamos hace unas cuantas décadas,  poca tinta ha corrido intentando explicar por qué la generación millennial desconoce los productos químicos que componen el champú. Y es que el teléfono inteligente ha reportado un fácil acceso a la información, pero un déficit importante en cuanto a buscar tareas alternativas en los momentos de aburrimiento.


Esta etiqueta nos suena a todos los que ya tenemos una edad

Allá por los ochenta, en plena época de hombreras, pelos crepados, y crestas de colores, el acceso a la tecnología aún se encontraba bastante alejado de la juventud de a pie. En los momentos de ocio bien escuchábamos a Alaska en nuestro radiocasete o esperábamos con ilusión los viernes por la tarde para ver el 1, 2, 3.  Pero, ¿y qué efectos tenía la falta de tecnología en nuestros momentos de intimidad sobre la taza?, ¿qué hacíamos en esos ratos vacíos en que las liberaciones fisiológicas se hacían de rogar tras una comida copiosa? Si, millennials, lo habéis adivinado: sin Smartphone que consultar, sin perfiles de whatsapp que investigar, y sin posibilidad de twittear, poco más teníamos a mano que la pegatina del champú donde se especificaban sus componentes  y su modo de uso. Quien más y quien menos intentó entretenerse durante esos momentos en el baño leyendo una y otra vez la composición química del champú.


... eran otros tiempos.

Estabilizadores como el diestearato de etileno, el cloruro de sodio y el ajuste del pH forman parte del vocabulario del subconsciente de esa generación a la que ahora llamáis papá y mamá. Nadie se salvó en aquella época de recurrir a la tan socorrida etiqueta del champú para amenizar esos momentos de soledad y hastío sobre la taza. Si hubieran existido en aquellos años los Smartphones seguramente seríamos ahora una generación más preparada, con más recursos, pero no sabríamos en absoluto que el contenido de un champú es más complejo que la composición del calmante vitaminado, aunque esto último, queridos millennials, casi mejor que lo explicaré en el próximo artículo.




Piquen aquí y así no tendrán excusa para leer una y otra vez la composición del champú ;)



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