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EN LOS LÍMITES DEL SEXO: ¿Cómo se originan las parafilias?


El término parafilia


La RAE define el término parafilia como “desviación sexual”. Esto nos indica que se trata de un tipo de comportamiento que consiste en obtener placer y alcanzar el orgasmo a través del roce o tacto con personas, animales o cosas, superando las fronteras convencionales del sexo.


La complejidad de las parafilias consiste en que entra en juego sobre ellas los prejuicios sociales, la ética e incluso la religión, sin embargo, eso no quiere decir que muchas de ellas no puedan ser inofensivas. Mucha más gente de lo que pensamos gusta de estos patrones sexuales alternativos. Algunas son peligrosas, otras son delitos, algunas pueden resultar simplemente extrañas y otras son más frecuentes de lo que parecen a simple vista.


Ciertos comportamientos que hoy en día consideramos normales o que son socialmente aceptados como el sexo oral o la masturbación se consideraban hasta el siglo pasado parafilias. El término va, por tanto, cambiando y adaptándose a la sociedad. Incluso dependiendo de la cultura en la que nos hallemos inmersos una actitud puede considerarse parafilia o no, por ejemplo, en Occidente, el que un hombre adulto mantenga relaciones sexuales con una chica menor de 18 años no solo está mal visto, sino que incluso es perseguido por la justicia. En cambio, en otras culturas es normal que se casen chicas de 14 años, o incluso de menor edad, con hombres adultos.


Aun así, parece evidente que algunos de estos comportamientos nunca serán considerados normales al incluir prácticas humillantes o peligrosas, tanto para sí mismos como para los demás.


En el mundo hay dos tipos de personas: las que tienen alguna filia sexual y las que la tienen pero se niegan a reconocerlo. Desde la ropa interior hasta las personas con extremidades amputadas, todos tenemos algo que nos excita especialmente, pero hay algunas preferencias más normalizadas que otras.


¿Las parafilias son trastornos psicológicos?


Una parafilia no es sinónimo de un trastorno psicológico, solo se consideran como tales cuando:


  • Son intensos y persistentes y son la única forma con la cual la persona alcanza goce sexual y puede obtener un orgasmo. Por ejemplo, una persona que le guste amarrar a su pareja a la cama de vez en cuando no es parafílico, lo sería aquel incapaz de tener relaciones si la persona no está atada a la cama.

  • Provocan un deterioro significativo en las áreas social, laboral u otras áreas importantes de funcionalidad y quien lo padece lo asocia de manera inapropiada a sentimientos de culpa o ansiedad.

  • Dañan o tienen el potencial de dañar a otros, por ejemplo, un sádico sexual es inofensivo en tanto que sus parejas, adultas voluntarias, participen consentidamente con las medidas de seguridad adecuadas. Se torna peligroso y parafílico cuando el sádico está descontrolado y se aboca a violar y torturar víctimas indefensas. Esta distinción es imposible realizarla en algunas parafilias claramente transgresoras donde el objeto de placer no está en condiciones nunca de dar su aprobación y la relación siempre puede causar daño como en la pedofilia, el frotismo y la somnofilia (preferencia sexual por las personas dormidas o inconscientes)


Curiosamente se ha descrito la normofilia, que consiste en disfrutar del sexo a través de determinadas prácticas que se consideran aceptadas por su comunidad, y son incapaces de explorar otras. Esta exploración genera miedo o ansiedad, y de ahí la consideración de parafilia.


¿Cómo se origina una parafilia?


Para la misma comunidad de psicólogos y sexólogos no está aún claramente definido el origen de las parafilias, aunque mayormente se le atribuye un origen psicológico.


En la mayoría de las culturas las parafilias son bastante más frecuentes entre los varones. El factor T (testosterona) no es ajeno a este predominio masculino de las parafilias.


No son hereditarias ni tampoco se aprenden por imitación sino, muy probablemente, por prohibición. Las parafilias nacen, básicamente en la infancia y en la temprana adolescencia cuando el niño empieza a descubrir un nuevo mundo. Derivan de la atmósfera familiar y social en que se desarrolla el niño. El mal manejo por parte de los padres de la ingenua curiosidad sexual infantil y de los juegos sexuales de los mismos, tratados con represión enfermiza, evasiones, racionalizaciones y prohibiciones estrictas, cierra el camino a un desarrollo sexual normal. Las conductas represivas o evasivas no cierran puertas sino que abren otras, que pueden desembocar en una suerte de ruleta rusa con un comportamiento futuro que puede tornarse peligroso.


Es importante observar que en los niños la sexualidad es un rasgo inherente a este como persona y si ve que las puertas del camino regular de la misma se cierran buscará caminos alternativos por donde continuar su marcha.


No existe ninguna teoría que explique todos los casos de parafilia, o todas ellas en su conjunto. Pero las existentes son válidas para determinados casos.

1. El psicoanálisis señala el origen de las parafilias en una experiencia traumática única o repetida.


1.1. Experiencias accidentales: las experiencias accidentales vividas por el niño y el adolescente pueden ser definitivas en la psicogénesis de las parafilias. Por ejemplo, un bebé puede excitarse sexualmente al ser tocado en los genitales durante el cambio de pañales (sin intencionalidad alguna), y tal acontecimiento puede coincidir con que esté observando los largos cabellos de la mujer que lo cambia. En su adolescencia, el muchacho se masturba y fantasea con cabellos largos. La combinación habitual del pensamiento de los cabellos y la excitación se vuelve tan fuerte que la persona puede llegar a dudar de su facultad de desempeñarse sin ella. Esta experiencia aislada tiene la capacidad de ser suficiente pero en otros casos debe ocurrir constantemente para provocar la fijación.


1.2. Las experiencias infantiles repetidas: ser vestidos con ropas del otro género por sus padres, que esperaban tener un hijo del sexo contrario, o la ridiculización de sus genitales por pequeños o feos, se reviven en la adultez joven con formaciones parafílicas.


1.3. Las humillaciones o castigos físicos de los padres a los hijos pueden desembocar en agresiones sádicas o masoquistas. La parafilia permite conquistar y superar la ansiedad vivida en la infancia. Este punto se desarrollará más adelante.


2. La teoría de la conducta las considera el producto de un aprendizaje incorrecto por experiencias sexuales del periodo de diferenciación sexual y de la pubertad.


2.1. Las fantasías sexuales de la masturbación adolescente suelen tener una gran importancia en la aparición de las parafilias cuando esas fantasías poseen un contenido que las favorece, como las de exhibicionismo o voyeurismo. Se produce una retroalimentación en el que se fomenta la fantasía a través de la obtención de placer en la masturbación desencadenando una parafilia.


3. La búsqueda adulta de experiencias nuevas. El individuo sometido a una intensa represión sexual en la niñez y juventud, ya en la adultez, puede buscar aventuras sexuales, vivir experiencias variadas que salen de las fronteras permitidas como un acto de libertad o de liberación. Se puede experimentar sin tener consecuencias en su vida sexual. Pero hay ocasiones en que estas experiencias pueden poner de manifiesto la existencia de una disposición a las parafilias que de otra forma no se hubieran manifestado. Además, pueden llegar a tener un carácter adictivo: una vez traspasada la barrera, el individuo queda insaciado.


4. Causas físicas: se ha encontrado relación entre la epilepsia del lóbulo temporal y algunas parafilias que mejoraron con tratamiento antiepiléptico o con electroconvulsoterapia. Hay otros casos que mejoran con litio o antidepresivos y también se ha planteado la posibilidad de que las parafilias estén vinculadas con ciclos maníaco-depresivos heredados.

En la Universidad de Pennsylvania se planteó la hipótesis del "aprendizaje por oposición", en que de la aversión inicial a los actos parafílicos se pasa progresivamente a una metamorfosis y se tornan adictos a esas prácticas. Es probable que la liberación de opiáceos fisiológicos en el encéfalo, como las endorfinas, sea responsable de este cambio.


Casos clínicos


Un estudio realizado por el Teléfono de la Esperanza de Málaga entre los años 2005 y 2006 donde se registró el testimonio de 25 individuos parafílicos puso de manifiesto que muchos de ellos describían pensamientos que eran ambivalentes o contradictorios, es decir, no eran placenteros o desagradables sin más. Asimismo, la totalidad de los sujetos mencionaban experimentar culpa o tensión psicológica acompañada de una activación fisiológica desagradable antes de aceptar sus fantasías sexuales parafílicas o, en algunos de los casos, llevar realmente a cabo las conductas parafílicas, tras lo cual experimentaban un gran placer.


Aunque los 25 sujetos analizados presentaban historias personales y de aprendizajes distintos, la mayoría tenían aspectos comunes:


  • Padres sobreprotectores (19 de las 25 personas): ya vimos anteriormente como el ambiente represivo puede dar lugar a la necesidad en adultos de experimentar cosas nuevas.

  • Dificultades para relacionarse con pares de iguales, tanto en el colegio como en otros ámbitos (23 de los 25 sujetos) y poca autoestima (24 de los 25 sujetos). Por ejemplo, las niñas pequeñas son más asequibles debido a su inocencia y vulnerabilidad para un individuo adulto con escasas habilidades sociales o baja autoestima que las mujeres de su edad. Esta falta de autoestima puede hacer que una persona se oriente hacia formas de sexo inadecuadas y dicha orientación sexual inadecuada hace que su autoestima sea cada vez menor, generando un bucle.

  • Experiencias sexuales tempranas que resultaron traumáticas o desencadenantes de culpabilidad (21 de los 25 sujetos). La víctima se esforzará por evitar los recuerdos del episodio traumático y, al mismo tiempo, se sentirá culpable porque, aunque la experiencia en sí fuese aterradora y no deseada, en cualquier experiencia sexual se experimenta cierto placer. Al llegar a la edad adulta, se preocupará por la posibilidad de sentir placer en situaciones como las que sufrió e intentará evitar pensar que él también podría sentir placer abusando de alguien como hicieron con él. Sin embargo, veremos a continuación cómo esto genera un círculo vicioso tras pasar por una serie de etapas.

El testimonio de todos ellos ponía de manifiesto un patrón común caracterizado por:


1º una primera fase en la que comienzan preocupaciones morales y pensamientos de evitación hacia dichos estímulos parafílicos.

2º Estos intentos de evitación y/o control de los pensamientos producen el aumento paradójico de dichos pensamientos, hecho que desencadena una respuesta fisiológica de ansiedad y malestar.

3º Posteriormente, una fase de aceptación o rendición para liberar impulsivamente la tensión acumulada. En la mayoría de los casos, esta aceptación de los pensamientos parafílicos se produce inicialmente a través de fantasías sexuales hasta que, posteriormente, desembocan en conductas parafílicas reales.

4º Tras la liberación de tensión a corto plazo, se sienten aún más culpables de lo que ya lo estaban al principio y el ciclo vuelve a reanudarse.


Tipos de parafilias


Existen una gran cantidad de parafilias muy diferentes entre ellas y que, sin embargo, se han colocado en el mismo saco: desde el voyerismo a la pedofilia pasando por la coprofilia o un sinfín de ellas más. Existen catalogaciones de todo tipo. Cada parafilia ha sido estudiada desde diferentes ángulos: por la descripción clínica, sus formas de presentación, sus complicaciones más habituales y la asociación de varias.


Las más frecuentes son:


  • Exhibicionismo

  • Sadismo

  • Fetichismo

  • Coprolalia: pensar y decir obscenidades.

  • Erontofilia: encontrar excitante hablar por teléfono utilizando un lenguaje erótico.

Son tantas las parafilias existentes que es muy complicado acapararlas todas. Estas son las más comunes pero hay tantas como personas en el mundo, ya que todos y cada uno de nosotros somos un mundo.


Dentro de las menos frecuentes nos encontramos con:


  • Dacrifilia: Excitación por las lágrimas o el llanto.

  • Misofilia: Atracción erótica por la ropa sucia.

  • Ailurofilia: Atracción sexual por los gatos.

  • Formicofilia: Excitación sexual al sentir reptar hormigas, caracoles, gusanos o animales pequeños e insectos sobre los genitales y permitir que entren por los orificios corporales.

  • Capnolagnia: el objeto de placer son las personas fumadoras.

  • Tecnosexualismo: Este fetiche se caracteriza por la atracción hacia robots, humanoides, máquinas o cualquier especie de aparato con inteligencia artificial.

  • Amomaxia: Excitación sólo al mantener una relación dentro de un coche estacionado.

  • Espectrofilia: búsqueda y necesidad de tener un encuentro sexual con seres de otro mundo y fantasmas. A diferencia de la necrofilia, la cual se realiza con cadáveres de humanos, aquí es importante realizarlo con espectros.


Parafilias que incurren en delito. Esto va a depender de la sociedad en la que se produzca la parafilia, pero nos encontramos en la nuestra con:


  • Pedofilia.

  • Necrofilia: Los necrofílicos profanan tumbas, entran al servicio forense o bien asesinan a sus víctimas para posteriormente violarlas, cuando esto sucede se constituye como una forma extrema de sadismo.

  • Exhibicionismo: Los exhibicionistas son por lo general hombres con personalidad inadecuada y tendencias sádicas y sadomasoquistas. Tienden a regresar al lugar de los hechos y suelen ser aprehendidos y castigados por la ley

  • Sadismo: cuando la agresión no es consensuada con la otra parte.

  • Fetichismo: La fetichista femenina en ocasiones se enfrasca en cleptomanía compulsiva que puede tener significados sexuales inconscientes.

  • Froteurismo: cuando no se da permiso para ello. Esta parafilia es frecuente en lugares muy concurridos como puede ser el metro, los cines, etc.

  • Hipoxifilia o asfixiofilia: excitación que le provoca a la persona el asfixiarse al momento de alcanzar el orgasmo. Se han dado casos en los que los parafílicos no dimensionan la gravedad del acto y llegan a consumar la asfixia.


Prevención y tratamiento


Enfrentar la sexualidad con inteligencia, amplitud, apertura y naturalidad durante la infancia y la adolescencia previene las parafilias. Los padres tienen un papel sumamente importante en la fijación de conductas parafílicas a través de actitudes y actos que pueden considerarse erróneos, poco naturales y bloqueantes del desarrollo psicosexual. Existe la necesidad de la educación sexual de los padres a modo de prevención primaria en salud mental


Tratar las parafilias es un reto para la psicoterapia, la psiquiatría, la criminología y otras disciplinas, la finalidad es que el paciente abandone la parafilia que hace daño a terceras personas como lo son la pedofilia, exhibicionismo, frouterismo, etc.


Muchos pacientes pueden ser ayudados a vivir satisfactoriamente alcanzando un mejor control consciente y autodiciplinado por medio de asesoramiento y de psicoterapia .Medicamentos como antisicóticos, antidepresivos o anti-androgénicos han dado buenos resultados en algunos pacientes.


Las parafilias suelen ser tratadas por parte de los profesionales sin deshacerse del halo de la moralidad, en el cual interviene además la poca comprensión del tema y el mal manejo de los propios componentes parafílicos de los terapeutas, lo cual crea una contratransferencia negativa muy intensa que en poco ayuda a encontrar una solución al problema. Nadie quiere a los parafílicos fuera de la cultura parafílica. Por ello se reúnen para tratarse en grupos de autoayuda como “Sexofílicos Anónimos” o “Sexahólicos” que utilizan el método de los Alcohólicos Anónimos y tratan a las parafilias como adicciones.


En la mayoría, el aislamiento social (cárcel) es lo único que evita que se siga dañando a terceras personas ya que no siempre se logra la remisión de la parafilia. Como vimos en el artículo sobre la sociopatía, los componentes narcisísticos son sumamente resistentes a las psicoterapias de cualquier tipo.


Las parafilias que no hacen daño a terceras personas en donde ambas partes de la pareja lo disfrutan y están de acuerdo en llevarlas a cabo no precisan tratamiento.


Conclusiones


El campo de las parafilias nos sumerge en un terreno de estudio común de la psiquiatría, la psicología, la jurisprudencia, la sociología y la antropología social y cultural. Cada escuela ha efectuado sus aportes porque se trata de una temática que muestra de manera clara la compleja naturaleza humana y todos desean desentrañar sus misterios.


La frecuente comisión de delitos sexuales por parte de los parafílicos plantea una necesidad de comprensión al lado de una firme actitud en la aplicación de sanciones y el consiguiente tratamiento de los ofensores sexuales. Para ello deben ajustarse las leyes al grado de comprensión de estos cuadros, pues la simple represión no previene de nuevas incursiones en estas conductas compulsivas.


Afortunadamente se han eliminado de la categoría de enfermedades y por ende de la lista de parafilias a conductas cuyos portadores no le hacen daño a nadie, ni aun a quienes las practican, pues de lo contrario asistíamos a una lluvia de parafilias concebida por cada autor de acuerdo a su particular formación teórica, moral y hasta de su propia psicopatología.


Una gran exclusión del grupo de las parafilias fue la de la gerontofilia. Hoy, excluyendo a la niñez prepúber que debe ser protegida, todas las personas capaces que consienten libremente pueden vivir una sexualidad mucho más rica y placentera sin la culpa de una patologización prejuiciosa y represiva por diferencia de edad. Las personas adultas mayores no son enfermas ni están deserotizadas ni condenadas a la castidad geriátrica, como en otras épocas. Se puede decir que, gracias estos cambios, la sexualidad es más libre y menos libertina.


Si les ha parecido interesante el tema les invito a leer mi relato “Compendio de autodestrucción para un perdedor” en donde intento meterme en la piel de una persona con una extraña parafilia. A mí al menos me parece apasionante, no solo por que podamos sentirnos en mayor o menor medida identificados con una u otra parafilia, sino porque el mecanismo por el que se producen es extrapolable a otros aspectos de la vida.

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