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En el infierno del trastorno de personalidad múltiple


En el mundo del cine y la literatura, uno de los trastornos mentales más utilizados es El trastorno de identidad disociativo (TID), conocido popularmente como Trastorno de personalidad múltiple.


Desde “Doctor Jeckyll y Mr. Hyde” hasta “Psicosis”, pasando por “El club de la lucha” o “Yo, yo mismo e Irene”, muchos se han aventurado a crear atractivas ficciones sobre esta patología, pero, ¿sabemos exactamente en qué consiste, cuáles son sus causas, sus signos y su tratamiento?


Es necesario reflejar que esta patología no es uno de las mejor entendidas, ni siquiera dentro del mundo de la Psicología. Además, hay una importante controversia con respecto a la misma existencia de este trastorno como tal por parte de los propios profesionales de la salud mental.



1. ¿En qué consiste?


La definición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV) nos dice que el TID es «la presencia de dos o más identidades –raras veces más de diez- que toman el control de la conducta de una persona de forma recurrente, teniendo cada una de ellas recuerdos, relaciones y actitudes propios».


A nivel general, podemos decir que las distintas identidades no recuerdan lo experimentado por el resto ni son conscientes de su existencia, aunque esto no es siempre así. El cambio entre personalidades suele ser secundario al estrés, como consecuencia de la reaparición de un evento concreto que pudo ser el responsable de la creación de la identidad alternativa (o de circunstancias que sean similares a dicho evento) o que se provoque al individuo que padece de TID para que aparezca una de las identidades.


2. Signos


Suele existir una personalidad primaria (o la “real”), cuya tendencia general es la de ser pasiva y depresiva, mientras que el resto de identidades son más dominantes y hostiles. Esto queda fielmente reflejado en muchos filmes, por ejemplo, el personaje de "Gollum", en El Señor de los Anillos, presenta claramente esta dualidad entre la personalidad real y la dominante.


Las identidades más pasivas son las que manifiestan amnesia en mayor medida y, en caso de que sean conscientes de la existencia de las personalidades más dominantes, pueden ser dirigidas por estas, que incluso pueden manifestarse en forma de alucinaciones visuales o auditivas.


2.1. ¿En qué formas pueden aparecer estas personalidades?


En la forma de posesión: las diferentes identidades son claramente aparentes para los familiares de la persona en cuestión, así como para otros observadores. La persona habla y actúa de una manera obviamente distinta, como si otra persona hubiera tomado posesión de su cuerpo.


En la forma de no posesión: las diferentes identidades no suelen ser tan evidentes para los observadores. En lugar de actuar como si otro ser hubiera hecho posesión de ellas, las personas pueden sentirse desconectadas de algunos aspectos de sí mismas como si se estuvieran viendo en una película u observando a una persona diferente. De repente pueden pensar, sentir, decir y hacer cosas que no pueden controlar y que no parece que les pertenezcan. Las actitudes, opiniones y preferencias (por ejemplo, en cuanto a comida, ropa o intereses) pueden cambiar repentinamente para volver a cambiar a continuación.


La persona puede pensar que su cuerpo se nota diferente (por ejemplo, como el de un niño pequeño o una persona del sexo opuesto) y que no les pertenece. Pueden referirse a sí mismos en primera persona del plural (nosotros) o en tercera persona (él, ella, ellos), a veces sin saber por qué.


Algunas de las personalidades conocen importante información personal que desconocen las otras personalidades. La alternancia entre distintas personalidades y el desconocimiento de las conductas que provocan suele hacer que la vida del paciente sea caótica, infernal y absolutamente disfuncional.


Como las identidades interactúan entre sí, las personas afectadas pueden referir que escuchan voces. Las voces pueden ser conversaciones internas entre las distintas identidades o pueden dirigirse a la persona directamente, a veces haciendo comentarios sobre su comportamiento. Varias voces pueden hablar al mismo tiempo, produciéndose mucha confusión.


2.2. ¿Cómo se realiza la transición entre las diferentes personalidades?


La transición entre identidades puede aparecer de forma brusca e inmediata o de manera paulatina, sin notar cuando ocurre la transición. En el segundo caso algunos investigaciones han demostrado que generalmente se acompaña de amnesia entre los episodios para mantener la individualidad de la identidad, así, cada identidad tiene memoria exclusiva de sus dominios anteriores pero no entre identidades.


Ocasionalmente las otras identidades se pueden manifestar como flashazos de memoria o bien puede recordarse como hechos acontecidos a un tercero.


Las personas con un trastorno de identidad disociativo tienen normalmente una historia de tres o más diagnósticos psiquiátricos previos diferentes y que no han respondido al tratamiento.


2.3. ¿Aparecen otros síntomas?


Existen otra series de signos, tales como: capacidad fluctuante para asumir sus funciones, problemas de eficacia en el trabajo y en la casa e incluso inhabilidad, dolores de cabeza, distorsiones en la percepción del tiempo, amnesia, sentimiento de estar separado de uno mismo y experimentar su medio como irreal o crisis de pánico.


Muchos pacientes acaban abusando de sustancias (alcohol o drogas) y presentando depresión, ansiedad e incluso intentos de suicidio.


2.4. ¿En qué se diferencia de la esquizofrenia?


Además de escuchar voces de otras identidades, la persona puede sufrir otros tipos de alucinaciones (visuales, táctiles, olfativas o del gusto). El trastorno de identidad disociativo puede ser mal diagnosticado como una esquizofrenia. La diferencia radica en que el paciente con TID experimenta estos síntomas como provenientes de una identidad alternativa, desde el interior de su cabeza: p.e, pueden sentir como si otra persona estuviera intentando llorar usando sus ojos. Las personas con esquizofrenia por lo general piensan que la fuente es externa, fuera de sí mismos.


3. Causas


3.1. Eventos traumáticos de la niñez


Esta causa vincula el TID con el trastorno de estrés postraumático, que se caracteriza por la presencia de ansiedad y reexperimentación (mediante pesadillas, por ejemplo) tras sucesos que han puesto en peligro la vida de quien lo padece: abusos sexuales, catástrofes naturales, etc. La persona que sufre estrés postraumático presenta falta de recuerdo de aspectos importantes del suceso traumático o incapacidad para experimentar emociones, lo que le protege contra sentimientos de dolor y terror que no es capaz de manejar adecuadamente. Esto podría parecer útil, pero se vuelve patológico al cronificarse e interferir en la vida de la persona una vez pasados los primeros estadios de adaptación al trauma.


El TID es una versión extrema del estrés postraumático de inicio en la infancia, donde estas experiencias traumáticas conducirían al paciente al aislamiento de recuerdos, creencias, etc., en identidades alternativas que se irían desarrollando a lo largo de la vida.


La identidad personal aún está en formación durante la infancia. Un niño tiene una capacidad mayor que un adulto de observar el trauma como si le estuviera pasando a otra persona y aprende a disociar para superar una experiencia traumática: maltrato físico, sexual o emocional en la infancia durante mucho tiempo, guerras, desastres naturales, secuestros, torturas o procedimientos médicos prolongados y traumatizantes en la niñez.


3.2. Creación de identidades para cubrir una necesidad o deseo que el individuo no puede realizar abiertamente por restricciones, sociales, culturales, familiares o religiosas. La personalidad disociada deja inmune o limpia a las otras personalidades.


4. Complicaciones


Además del propio trastorno en sí, puede aparecer otra serie de complicaciones asociadas, tales como:


  • Autolesiones o mutilaciones

  • Pensamientos y comportamiento suicidas

  • Disfunción sexual

  • Trastornos por alcoholismo y abuso de drogas

  • Depresión y trastornos de ansiedad

  • Trastornos del sueño, como pesadillas, insomnio y sonambulismo

  • Trastornos de la alimentación

  • Síntomas físicos, como aturdimiento o convulsiones no epilépticas

  • Dificultades considerables en las relaciones personales y en el trabajo.


5. Evaluación


El número de diagnósticos de TID ha aumentado en los últimos años; algunos autores opinan que se debe a una mayor conciencia del trastorno por parte de los clínicos, otros consideran que se debe a un sobrediagnóstico: sugestión del paciente debido a las preguntas del clínico, influencia de los medios de comunicación o falta de formación sobre las manifestaciones del TID.


Un caso típico de TID se caracterizaría por una combinación de síntomas disociativos y síntomas de estrés postraumático, con incapacidad para recordar información personal importante que es demasiado amplia para ser explicada por el olvido ordinario, y otros síntomas no definitorios del TID, como depresión, crisis de pánico, abuso de sustancias o trastornos alimentarios.


Es importante tener en cuenta que el trastorno no sea debido a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (drogas) o a una enfermedad médica (p. ej., crisis parciales complejas).


Al momento de realizar la evaluación es necesario contar con que a las personas con TID les resulta difícil reconocer su trastorno por vergüenza, miedo al castigo o a causa del escepticismo de los demás y además suelen estar muy angustiados por sus síntomas, o bien sus síntomas les impiden desenvolverse en situaciones sociales o en el trabajo.


En la evaluación el médico también pueden intentar contactar directamente con otras identidades pidiendo hablar con la parte de la mente que participa en conductas que el paciente no puede recordar o que parecen estar hechas por otra persona.


Por lo general, los médicos son capaces de distinguir el trastorno de identidad disociativa de la simulación debido a que los enfermos falsos tienden a informar excesivamente sobre los síntomas bien conocidos del trastorno y dan poca información sobre otros. También, los falsos TID tienden a crear identidades alternativas estereotípicas y parecen disfrutar de la idea de sufrir el trastorno (las personas que lo padecen de verdad a menudo tratan de ocultarlo).


La técnica para elaborar el diagnóstico adecuado es la entrevista psiquiátrica con cuestionarios especiales. Se trata de identificar el trastorno de identidad disociativo y descartar otros trastornos de salud mental. También se puede pedir la realización de un exploración clínica para determinar si existe algún trastorno orgánico que pueda explicar ciertos síntomas. Esta entrevista puede requerir mucho tiempo y el empleo cauteloso de técnicas de hipnosis o de sedantes administrados por vía intravenosa para lograr la relajación de la persona (entrevista facilitada con fármacos).


6. Tratamiento


Los síntomas pueden ir y venir de modo espontáneo, de tal forma que en algún momento podría parecer que la persona ha mejorado o se ha curado, pero la patología no desaparece por sí misma.


El tratamiento puede aliviar algunos síntomas específicos pero no tiene efectos sobre el trastorno en sí. Las visitas al terapeuta son reducidas gradualmente pero es raro que se terminen. Generalmente se requieren años y el objetivo es el de integrar o fusionar las identidades o, al menos, a coordinarlas para lograr el mejor funcionamiento posible de la persona. La integración de las identidades es lo ideal pero no siempre se consigue.

Primero hay que garantizar la seguridad de la persona (dada la tendencia a autoagredirse e intentar suicidarse) y reducir la depresión o el abuso de drogas.


Posteriormente se trabaja la confrontación de los recuerdos traumáticos, como se haría en el caso del trastorno de estrés postraumático y por último, se integran las identidades, para lo cual es importante que el terapeuta respete cada una para facilitar que la persona acepte como propias esas partes de ella misma.


El tratamiento es a menudo muy duro y emocionalmente doloroso. La persona puede experimentar muchas crisis emocionales debido a acciones de las identidades y por la desesperación que pueden acarrear los recuerdos traumáticos durante la terapia. A menudo son necesarios varios períodos de hospitalización psiquiátrica en períodos difíciles.


Con frecuencia se utiliza la hipnosis para acceder a las identidades, facilitar la comunicación entre ellas, estabilizarlas, integrarlas e incluso controlar la aparición de una u otra. La hipnosis también se usa para reducir el impacto doloroso de los recuerdos traumáticos (que son tolerados a veces sólo en pequeñas dosis) y ayudar a estas personas a calmarse y a modificar su perspectiva sobre los acontecimientos.


Es importante destacar que no todos los pacientes desean la integración, ni se puede obligar a ello.



7. Pronóstico


El pronóstico depende de los síntomas y de las características del trastorno. Algunas tienen principalmente síntomas disociativos y características postraumáticas. Otras personas tienen adicionalmente trastornos psiquiátricos graves: trastornos de la personalidad, afectivos, alimentarios y de abuso de drogas.


Generalmente, hay una mejora en el estilo de vida con el tratamiento, sin embargo, el tiempo para alcanzar esto es indefinido.


El tratamiento a menudo es largo y caótico, sin embargo, incluso un paciente con un mal pronóstico a veces mejora lo suficiente con la terapia para sobrellevar el trastorno y comenzar a dar pasos rápidos hacia un mejor porvenir.



Somos los extremos de nuestra dualidad y todos los puntos infinitos existentes entre nuestro negro más profundo y nuestro blanco más puro.






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