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El método





23 de Octubre de 2019


“Soy el doctor Sequera y llevo ejerciendo la psiquiatría veinte años. Es la primera vez que me enfrento a un caso de estas características, por lo que quiero dejar constancia de cuanto ha acontecido en mi consulta y de los avances, si los hubiera, que puedan producirse en adelante.


Sé que en algún momento, estos informes y grabaciones serán de utilidad para alguien más, por muy reprobable que pueda parecer mi proceder a simple vista, no en vano, muchos años y cientos de pacientes me han enseñado que la ética es un concepto tan voluble y con tantas definiciones como personas. Incluso, ni la misma definición es aplicable a una sola persona a lo largo de su vida, pues esta depende de perspectivas, de circunstancias e incluso de instantes.


Muchas veces pienso que existen algunas facetas de los trastornos psiquiátricos que son útiles para los pacientes, por lo que es mejor dejarlas estar. Tratar de removerlas podría suponer abrir la caja donde se han escondido bajo llave los demonios mismos del paciente y corres el riesgo de que le devoren desde sus propias entrañas. La cautela se ha convertido, con el devenir de los años, en el más valioso de mis instrumentos de trabajo. Pulir las cosas que le hacen mal a quien lo padece y que conviva con aquello que le hace bien es el objetivo mediocre que me planteo en algunos casos, pues no tengo como meta brillar especialmente en el campo de la psiquiatría ni descubrir la novedosa cura para nada, solo pretendo que la gente que acuda a mí se sienta un poco mejor. Sin embargo, cuando hay una vida en juego, cuando hay un intento de suicidio… o de asesinato, todo cambia. Lo que se daba como cierto se convierte en insuficiente, y es preciso ir un paso más allá. Quizás es imperativo concebir un método poco ortodoxo o hallar una solución muy debatible a nivel ético cuando te enfrentas a un caso como el que aquí voy a recoger.


En este caso, en el que llevo varios años trabajando, debo tomar una decisión y ejecutarla sin vacilación. Ningún método tradicional o novedoso parece dar resultado y el tiempo juega en nuestra contra. Está a punto de sonar la alarma y debo hacer que mi paciente tome las riendas de su vida antes de que se despierte aquello que no debe en su cabeza.


El paciente, D. Alejandro Díaz, un hombre educado y algo tímido, se mostró ampliamente colaborador desde el primer día y firmó el consentimiento para grabar las sesiones. Le expliqué que mi objetivo consistía en repasarlas periódicamente ya que algunos aspectos importantes podían pasarse por alto en un primer momento. Además, le hice ver que, de manera evaluativa, podríamos hacer evidentes lo progresos si podíamos comparar sesiones. Muchas veces el paciente avanza pero tiene la apreciación subjetiva de estar siempre en el mismo punto.


Me fue remitido tras un diagnóstico de trastorno ansioso-depresivo, sin embargo, su médico de familia parecía estar preocupado por otra serie de signos que presentaba su paciente, como amplias lagunas de memoria poco explicables, cambios de humor repentinos y “problemas de expresión oral” –así rezaba en el informe –de los cuales Don Alejandro no parecía ser consciente. En los momentos en los que el sujeto mostraba esos problemas expresivos mencionaba a una mujer llamada Nina. El médico tenía la impresión de que el problema de su paciente podía ser más grave de lo que había apreciado en una primera evaluación.


He recogido en este documento la transcripción de dos de las sesiones, las más representativas, para que quien las lea pueda hacerse una idea general sobre el señor Díaz y su trastorno. Adjunto el informe de su médico de familia”.



16 de enero de 2014.


Buenos días, sí señor, soy Alejandro Díaz, tengo 35 años.


Verá, doctor, no sé por qué me han hecho venir aquí. Creo que voy a hacerle perder su tiempo. Hace unos meses me recetaron antidepresivos y me encuentro mucho mejor, aunque claro, supongo que tampoco es recomendable tomar esas pastillas de por vida. Quizás ya va siendo el momento de irlas retirando poco a poco, ¿no? Bueno, el experto es usted, pero siempre he escuchado que no son muy recomendables para el hígado. Disculpe, estoy algo nervioso.


Está bien, le contaré todo desde el principio. Trabajo en la bolsa, es una ocupación sumamente estresante, tienes que pensar rápidamente, actuar de manera instantánea, y en tu tiempo libre pues tampoco es que puedas disfrutar mucho, hasta cuando sales a tomarte una copa estás haciendo negocios. Te dejas ver con este o aquel para cerrar tratos y cosas así o sales una noche de sábado con el fin de codearte de manera cercana con tu próximo objetivo. Finalmente, apenas tienes amigos de verdad ni tiempo para dedicarle a tu familia o tus hobbies, así que, en fin, lo normal, supongo, pasado unos años con ese ritmo te acabas deprimiendo.


No tengo hobbies. De pequeño me gustaba pintar, y creo que era bastante bueno, pero lo dejé cuando acabé los estudios. No me da pena, de todas maneras me ponía un poco nervioso si tardaba en terminar un dibujo. Tengo tendencia a querer resolver todo rápidamente y la verdad es que pintar requiere de mucha paciencia y de atender a los detalles minuciosamente.


Hace unos meses estuve algo extraño, no me apetecía levantarme de la cama. Me dolía con mucha frecuencia el estómago y por último ni me molestaba en comer decentemente. Normalmente soy muy ordenado, pero dejaba mi ropa por cualquier lado y llevaba mi maletín hecho un desastre. También me di cuenta de que estaba bebiendo demasiado y finalmente, con todo, acudí al médico. De ahí los antidepresivos y las vacaciones forzosas, pero le aseguro que estoy mucho mejor.


No, lo siento, no sé quién es Nina. ¿Por qué habría de conocerla? ¿Es paciente suya?


No estoy casado, con este ritmo de vida no merece la pena, además, soy un hombre bastante tímido. Supongo que alguna vez me habré enamorado de alguien, he tenido relaciones breves, pero mi trabajo no me permite mucho más, y ni se me pasaría por la imaginación tener hijos. Imagínese, con las atenciones que requiere un niño, ¡qué va!, no me lo puedo permitir. Aunque si le digo la verdad, tampoco es algo que se me apetezca mucho, alguna vez lo he pensado, pero la idea me da vértigos. Ya tengo muchísimas responsabilidades encima, creo que no necesito más, además, primero habría que encontrar a la mujer adecuada y tengo la impresión de que eso no va a suceder en breve, no al menos hasta que me encuentre mejor y organice un poco mi vida. Mucha gente piensa que no tener pareja es signo de fracaso social, pero no creo que todos debamos seguir el mismo patrón de vida para ser felices.


¿Cambiar de trabajo? Nunca me lo he planteado en serio, solo a veces, cuando estoy agotado, como todo el mundo. No lo gano mal y sé hacerlo muy bien. Creo que un breve período depresivo no es motivo suficiente para que uno dé un vuelco completamente a su vida, se me acabará pasando. Es más, estos días ni he bebido y además me levanto de la cama más enérgico, supongo que en breve podré regresar al mundo bursátil. Sé que por último no rendía adecuadamente, sin embargo no hay nada como tomarse un descanso. En ese momento no lo creí necesario, pero ahora pienso que ha sido una buena idea. Las cosas hay que verlas siempre con un poco de perspectiva. Mi médico tenía razón, claro, para eso ha estudiado.


Creo que el fin de semana… déjeme pensar. No recuerdo bien, pero juraría que no salí sino para ir al supermercado. Quizás me quedé dormido viendo la tele tanto la noche del viernes como la del sábado. Si no lo recuerdo es que probablemente no fue en absoluto importante. No he salido apenas de casa estos días, es que ir a los lugares que frecuento supondría hablar de trabajo, y mi médico me recomendó que no hiciera nada relacionado con el mundo laboral en el que me desenvuelvo. De vez en cuando doy un paseo por la avenida marítima, dicen que respirar el aire limpio del mar ayuda también a ajustar las tuercas de la mente.


¡Oh, espere! ya sé quién es Nina. ¿Cómo es posible que le haya dicho que no sé quién es? Creo que el viernes y el sábado por la noche estuve hablando con ella por teléfono. Mi hermana siempre ha estado ahí para mí. Sinceramente, me sorprende mucho haberla olvidado, ella es alguien sumamente importante en mi vida. Quizás la depresión me esté afectando mucho más de lo que yo pensaba. Espero que no se trate de algo preocupante. Perder la memoria es desastroso.


Verá, Nina es una mujer muy fuerte, me viene bien que me aconseje acerca de algunos temas sobre los que flaqueo. Es hermosa, inteligente, valiente, decidida. Creo que tiene todo aquello de lo que yo carezco. A veces es demasiado aguda, su lenguaje no es el más educado, ni sus formas, pero bueno, en el fondo es una persona fantástica, y la necesito en mi vida. Una vez te acostumbras a ella, sus defectos pasan desapercibidos. Siempre le digo que aprecio su sinceridad, pero que sería genial si la expresara de una manera un poco más diplomática, ya sabe, muchas veces si pierdes las formas directamente dejas de tener razón.


Bueno, no sé qué tengan que ver mis padres en todo esto, hace bastante que no hablo con ellos, ya sabe, primero la falta de tiempo y luego mi estado depresivo. Son algo mayores y no quiero que se estén preocupando por mí. Como usted prefiera, le hablaré de mi relación con mis padres durante mi niñez.


Realmente fueron muy estrictos en mi educación, tuve que estudiar muy duro para contentarles. Supongo que querían todo lo que unos padres quieren para sus hijos: un buen futuro cuando ellos no estén, calidad de vida y todas esas cosas. Si no hubiera sido por su tenacidad tal vez yo no habría sido un buen estudiante. Son católicos, demasiado para mi gusto, si le soy sincero. Yo también lo soy, pero no tengo tan desarrollada mi faceta religiosa. Simplemente soy creyente y procuro no hacerle mal a nadie. Creo que con eso basta.


Mi madre era una mujer muy exigente, demandaba lo que daba, imagino. La casa se hallaba siempre en un estado exquisito, nuestras ropas, nuestra atención, todo estaba al milímetro. Ella nos daba de sí lo máximo que podía. Siempre nos decía: me he dejado la vida con vosotros, procurad compensármelo siendo buenos, como si yo os observara todo el tiempo. Me enseñó la importancia de ahorrar dinero, creo que por eso soy tan cauto y me marcha tan bien en el mundo financiero, no asumo riesgos innecesarios y prefiero ir ascendiendo poco a poco que tirarlo todo por la borda en una sola jugada.


Cuando Nina o yo hacíamos algo malo nos mandaba a un armario a rezar para que recapacitáramos sobre lo que habíamos hecho, y no nos dejaba salir de él hasta que pasaba el tiempo que ella estimara oportuno. Creo que nunca estuvimos más de quince minutos, enseguida mi madre se venía abajo y nos dejaba salir. A veces las madres son demasiado blandas.


Nunca nos pegó, yo diría que fue estricta pero ejemplar. Nos dedicaba todo su tiempo, era madre a jornada completa. Pienso que así debe ser, quizás por eso no tengo hijos. Querría darles todo el tiempo del mundo, ofrecerles lo mejor, hacer con ellos lo que mis padres hicieron conmigo. Si no se da lo mejor de uno es preferible no tener niños.


Mi padre se preocupaba por nosotros también, pero participaba menos en nuestra educación, tenían una mentalidad anticuada, ya sabe, las madres son las que educan y los padres los que llevan el dinero a casa. Así era antes, sin embargo las cosas han cambiado. Mujeres y hombres trabajamos, mujeres y hombres educamos, todo es más equitativo.


No le haga caso ninguno, doctor, si quiere saber la verdad tiene que preguntarme a mí, no a él. Alejandro solo cuenta lo que es capaz de recordar, que en realidad es mucho menos que lo que recuerdo yo. Así mi hermano se siente mejor, ya se lo digo yo. No es lo suficientemente fuerte como para enfrentarse a nuestro pasado. De todas formas, tampoco me quiere creer cuando le cuento lo que realmente sucedió mientras éramos pequeños. Intuyo que usted sí que lo hará, si no, ¿para qué nos habría citado? Alejandro es muy infantil y sabe bastante poco de lo que se cuece ahí fuera.


¿Se puede fumar en la consulta? Claro, sí, lo entiendo, pero es que llevo tanto rato callada escuchando estupideces que me he puesto un poco nerviosa.


Ese puto armario era una sala de torturas, no pasábamos allí solamente un rato como él le ha contado, pasábamos días enteros, con sus noches oscuras e interminables. Es más, era difícil saber cuándo era de día y cuándo era de noche. Si dejábamos de escuchar la tele ya sabíamos que era el momento de dormir.


Allí dentro hacíamos nuestras necesidades. Podíamos estar dos o tres días sin comer y con la ropa manchada de sangre de los golpes que recibíamos y de nuestra propia mierda. ¡Dios mío, afortunadamente no menstrúo! no soportaría el olor de mi sangre de nuevo. Solo de pensarlo me dan náuseas. Cuando salíamos teníamos además que limpiarlo todo y dejarlo en perfectas condiciones… para la próxima vez, claro.


¿Ve esta cicatriz en el pómulo? La puta vieja no se conformaba con pegarnos solamente con las manos, se ve que acababan doliéndole, así que utilizaba un palo de madera o cualquier otro objeto que tuviera a mano. Una vez me lanzó una brocha en el pie con tal ira que el hematoma al día siguiente me cogía todo el empeine, me dolía al caminar.


¡No pienso callarme, Ale! el doctor quiere ayudarnos, debe saber toda la verdad. ¿De qué nos vale entonces venir aquí? Sabes de sobra que a mamá no le gustaba la idea de tener un hijo maricón. Pensaba que el armario te haría cambiar de opinión, ¿no es paradójico? Lo siento, tengo que descojonarme. La maldita vieja no se enteraba de nada. Así la pudra el cáncer que padece, si es que realmente lo tiene, no se le puede creer cuando habla de su salud. Si le hiciéramos caso a todo lo que dice que tiene, esta sería ahora su quinta reencarnación como mínimo. Ya tendría que haberse muerto varias veces.


Sí, le llamaré “la vieja” cada vez que me dé la gana, y te llamaré “maricón” a ti también, porque eso es lo que eres, mi amor. Deberías haberlo asumido ya. Y además va siendo hora de que te enteres de que no tiene nada de malo usar mi pintalabios, ni mi sujetador, no te creas que no me he dado cuenta de que los coges a escondidas. ¿Crees que no me he fijado también en cómo se te pone cuando se te acerca tu amigo ese, el cachitas con el que trabajas? Ale, eres el único que no lo quiere admitir.


Doctor, no tenga en cuenta a mi hermana. Mamá la castigaba con más dureza que a mí porque siempre fue un poco más… desmedida, esa es la palabra. Intentó hacer de ella una mujer seria, pero ya ve, ni con el armario lo consiguió. Sin embargo, yo soy un hombre trabajador, responsable, quizás un poco depresivo, pero bueno, de eso no debe culpa mamá, siempre intentó darnos lo mejor y, a su manera, era amorosa con nosotros.


Nina toda la vida ha jugado a hacerme rabiar, como ella era más fuerte conseguía que yo me pusiera a llorar, pero eso no quiere decir nada, los hombres también tenemos sentimientos. Además, éramos pequeños. Todos los niños lloran.


Ale, ¿le has contado al psiquiatra que mamá te ponía mi ropa cuando eras pequeño? No se lo va a creer, doctor, una vez lo hizo ir con mi vestido rosa al parque. La muy cerda pensaba que ridiculizando a mi hermano éste se esforzaría en no mearse en la cama. Lo que no imaginó es que acabarían gustándole los vestidos más que a mí, y luego, cuando quiso rectificar su error ya era demasiado tarde. Porque la vieja era mala, pero no estúpida.


La siguiente técnica que utilizó fue la de poner la sábana orinada en la ventana con un gran cartel donde escribía ALEJANDRO. Pero nada, otro intento fallido. Yo creo que a sus 35 años aún se mea en la cama de vez en cuando, ¿no, cielo? A la vieja le salió todo alrevés contigo.


Joder, Nina, ¿por qué dices esas cosas? Mi médico me ha dicho que la enuresis es secundaria al estrés y a la ansiedad, que una vez me recupere dejaré de mojar la cama por las noches. En cuanto a los vestidos, sinceramente, no recuerdo que mamá jamás me hiciera algo así. No nos dejaba escoger la ropa que queríamos ponernos, eso era todo.


Y lo de las sábanas eran solo amenazas, no llegó a hacerlo… al menos que yo recuerde.


Cariño, ¿por qué crees que los demás te llamaban Alejandro el meón cuando éramos niños? ¿Recuerdas que alguno quisiera jugar contigo? Menos mal que me tenías a mí, si no, te hubieras muerto de asco en la hora del recreo. ¿Quién te rescató cuando los niños más grandes te metieron la cabeza dentro de la taza del váter? Lo de las sábanas no fue solamente una amenaza, lo hacía cada vez que te meabas de noche. Entiendo que prefieras no acordarte, pero no sé si eso te hace bien o te hace mal. Ya nos dirá el doctor Sequera.


Un día, en unos dibujos que habíamos hecho en el cole y que el profesor había colgado en la pared, alguien escribió en el de mi hermano con letras gigantes la palabra CLOACA. Y allí estuvo colgado varios días, todos pudieron leerlo. A lo mejor por eso dejó de dibujar. Alejandro no tuvo los santos cojones de quitar el dibujo de allí. Nunca ha tenido un ápice de carácter. Solo sabía decir que sí a todo lo que le decía nuestra madre, los profesores o cualquier persona que no fuera él mismo. Hasta me saca de mis casillas cuando me da la razón a mí también.


Sí, el viejo le dejaba hacer a su mujer lo que le daba la gana, permitía todo cuanto sucedía allí dentro, supongo que eso lo convierte en alguien tan culpable y cruel como ella. De todas maneras, lo entiendo, cualquiera se enfrentaba a aquella fiera.


Ahora que soy mayor me doy cuenta de que es una mujer de estatura normal, pero le aseguro que de pequeña me parecía una gigante cuando la miraba alzar la mano, o simplemente mirarnos con expresión de que en breve íbamos a pasarlo muy mal. Yo creo que era frígida, o que no cagaba bien por las mañanas.


Perdone que me levante, pero no aguanto más tiempo sentada y sin fumar.


En cuanto a lo de que tenía la casa siempre perfecta y de que nuestra ropa y nuestro bienestar estaban bien controlados habría que matizarlo bastante. Yo me encargaba de las tareas domésticas desde que era muy pequeña. Nunca podía salir a jugar o a hacer lo que me diera la gana porque tenía que ponerme a limpiar. Limpiaba sobre lo limpio: con una brocha diminuta quitaba el polvo a diario de todos y cada uno de los objetos decorativos que tenía en aquella casa, que parecía un maldito museo de los horrores, con sus figuras de porcelana y sus muñecas antiguas.


La ropa que llevábamos era el hazmerreír de los demás niños: gastada, regalada, con una talla que no se ajustaba a la nuestra, anticuada, con parches… y le juro que a ella le sobraba el dinero para que al menos no diéramos vergüenza. Mi mochila del colegio era incómoda y horripilante, marrón y cuadrada. Tenía pinta de haber pertenecido a los fantasmas de la posguerra o algo de eso, supongo que se la habría regalado alguien o la había guardado desde su infancia.


Verá, menos mal que el pobre infeliz de mi hermano me tiene a mí, si no, se hubiera vuelto loco o sería un yonki o algo así. Uno no puedo pasar esos trances en soledad sin salir indemne. Los niños son demasiado frágiles, a veces ni tratándolos como al cristal salen sin rasguños. Yo no puedo tener hijos, tengo un problema en el útero, nada de lo que me apetezca mucho hablar ahora. Además, ya cuido de Alejandro.


Yo soy diferente, soy extrovertida, digo lo que pienso. ¿Me afectó mi infancia? Claro que sí, sin embargo creo que a él le afectó más. En realidad yo sufría viéndolo a él pasarlo mal. Es como si a mí nunca me hubiera sucedido nada. Es extraño que quieras tanto a alguien como para eso, para que no te importe lo que a ti te pase. No tengo ni un maldito recuerdo de mi madre castigándome a mí, todos son del pequeño y frágil Alejandro siendo maltratado: el hematoma en su pie, las marcas en sus muslos, la cicatriz de su pómulo y las noches enteras de sollozos entre las sábanas porque se había meado, muerto de miedo. Todo eso no me lo puedo sacar de mi cabeza, aunque él a veces ni recuerde que existo.


Ahora que no nos oye le diré algo importante. He tratado de contarle muchas veces la verdad a mi hermano, pero siempre dice que me lo invento, que nada ocurrió como yo digo, igual que acaba de hacer delante de usted. Dudo muchas veces sobre si debo tratar de convencerlo o simplemente cargar yo con esa mierda de recuerdos, ¿para qué los iba a necesitar el pobre infeliz? Tal vez esta sea la última vez que Alejandro haya escuchado la realidad de lo que nos pasó, será mejor que le deje vivir a su manera. Me cansa ya esta batalla.


¿Por qué quiere que le diga lo que veo en ese espejo? ¿Qué mierda se propone? Ya me miré esta mañana cuando me maquillé antes de venir aquí.


Vale, está bien, si tan importante cree que es, me miraré y le diré lo que veo: veo a un estúpido depresivo que no sabe coger las riendas de su vida porque se siente anulado, veo a un hombre que trabaja en un lugar que no le aporta nada, que está solo porque teme la compañía, suda de nervios cada vez que habla de algo personal. Veo a un tipo que no es capaz de arriesgarse ni al elegir el color de la ropa, a un travesti que no ha sabido salir del armario porque le tuvieron dentro tanto tiempo que se acostumbró a él. La imagen que me devuelve el espejo es el producto de frustraciones y represiones. Eso es lo que veo. ¿Contento?



24 de enero de 2014.


Oigan, se los ruego, tienen que creerme. Les aseguro que no intenté suicidarme, fue un accidente. Salí de la consulta de psiquiatría el otro día un poco mareado, me equivoqué con la medicación al llegar a casa, eso es todo. No veo necesario que me mantengan atado a los barrotes de la cama, me duelen las muñecas y necesito rascarme, sonarme y cosas de ese estilo. Tampoco voy a pegarle a nadie, no le he dado un puñetazo a otro hombre jamás en mi vida. Necesito también ir al baño a hacer mis necesidades.


Sí, claro que me calmaré, pero por favor, ¿podría al menos hablar con el psiquiatra que me atendió en su consulta la semana pasada? Él nos conoce. Busque en mi historial, verá que no le miento. El doctor Sequera, sí. Gracias.


Doctor, menos mal que me han hecho caso y han ido a buscarle, tengo que contarle algo que no puede salir de aquí, no quiero que se lo diga a nadie más, ni quiero ir a la policía. Creo que Nina necesita su ayuda urgentemente. Fue ella quien me obligó a tomarme las pastillas. Se ha vuelto loca, quiere acabar conmigo. Menos mal que pude llamar a tiempo a la ambulancia, si no, estaría ya muerto. Trate de hablar con ella, por favor.


¿Suicidarse Alejandro? Se ha vuelto loco, ¿verdad? Él no mataría ni a una mosca que se le posara encima. Fui yo quien trató de acabar con él, lo que dice es verdad. Yo le obligué a tomar esas pastillas. No es capaz de darse cuenta de que desde el instante en que desaparezca seremos felices. Podremos vestir como nos dé la gana, ponernos zapatos de tacón, uñas postizas y a lo mejor, hasta quitarnos el rabo. ¿Cree que me gusta acostarme con ese ridículo pijama de franela por mucho frío que haga? ¿Y qué me dice de este peinado con la raya a un lado? Lo llevamos desde que hicimos la primera comunión.


Además, no se me apetece ir a visitar a mi madre como si nada hubiera ocurrido, y Alejandro está convencidísimo de que debemos atenderla ahora que está enferma, que lo merece, que para eso luchó por nosotros tanto.


Ale es un absoluto borrego. ¿Sabe lo único transgresor que hace? Lo siento, tengo que reírme, no puedo explicarlo seria. Se mata a pajas con imágenes de hombres, aunque luego se siente culpable y trata de convencerse a sí mismo de que los heterosexuales a veces hacen cosas raritas. Piensa que es una parafilia, como el que se pone cachondo siendo quemado con cigarrillos.


Usted es el maldito psiquiatra, sabrá qué hacer y qué es lo mejor para nosotros, ¿no? Ha estudiado un montón de años y estará harto de ver locos a diario. Pero sabe tan bien como yo que Alejandro es un lastre para sí mismo, que no va a ser feliz en su vida y que yo soy su única opción. Ayúdeme a deshacerme de él.



3 de diciembre de 2019.


“Han pasado muchas sesiones, Alejandro no ha querido nunca aceptar su trastorno de identidad disociativo. Para él, Nina sigue siendo su hermana mayor y no una parte de sí mismo que ha reprimido. No ha habido más intentos de suicidio aunque sí ideas pasivas de muerte, creo que, de alguna manera, poder exteriorizar ambas personalidades en mi consulta le ha mantenido con vida.


Por otra parte, Nina continúa amenazando con asesinar a su otra personalidad. Tarde o temprano lo volverá a intentar, y tal vez es esta ocasión no le dará la oportunidad de tomar posesión del cuerpo a tiempo y llamar a una ambulancia.


Con el paso de los años, Alejandro se ha ido convirtiendo en un ser más y más débil, y Nina en una mujer cada vez más acaparadora. Por lo que ha mencionado en varias sesiones es absolutamente consciente de que matar a Alejandro supondría un suicidio para ella, pero argumenta querer a su hermano más que a si misma. Estas afirmaciones, cada vez más frecuentes y enunciadas con mayor contundencia, me preocupan sobremanera.


En los últimos meses, según avanzan las sesiones, Nina se ha vuelto más agresiva e histriónica. Ha abofeteado con brusquedad a Alejandro en mi presencia, ha tratado de seducirme y me ha amenazado sutilmente. La última vez que estuvo en mi consulta sufrió un auténtico arrebato de furia.


Ella sabe que padece de un claro trastorno de identidad disociativo y cree estar convencida de que Alejandro es la parte irreal de su personalidad, pero aunque parezca una mujer muy segura de todo cuanto hace, en realidad alberga muchísimas dudas en su interior que le impiden avanzar hacia una mejoría.


Llevo seis años tratando de integrar ambas personalidades, pero no he avanzado ni un solo paso, ni siquiera he conseguido que puedan alternarse respetándose la una a la otra. Alejandro entienda la voz de Nina en su cabeza como conversaciones telefónicas o visitas a su casa, y Nina odia cada vez más a Alejandro a la misma velocidad que crece su amor por él. También aumenta considerablemente la lástima que le despierta. Es incapaz de aniquilarlo del interior de su cabeza, de hacerle desaparecer como identidad alternativa.


Demasiados años, durante la infancia, la personalidad de Alejandro fue introducida a fuego en su cabeza. Para el resto del mundo, Alejandro era real y ella invisible. Terribles temores inculcados por su entorno familiar, más concretamente por su madre, le impiden tener el arrojo suficiente como para amputarlo de su personalidad y asumirlo como un recuerdo del pasado, aceptar su verdadera sexualidad y actuar al respecto.


Planearé con Nina un método que, de saberse fuera de aquí, podría llevarme a la cárcel y a la pérdida de mi título. Aunque suene poco profesional, este caso se ha vuelto algo personal, es un reto que no quiero dejar pasar. Lo voy a solucionar porque la vida de una persona y mi amor propio están en juego. Sigo sin querer brillar ante el público como psiquiatra, solamente quiero saber que he conseguido resolver el dilema antes de que se produzca una tragedia irreparable, y porque además, la vida de Alejandro y Nina carece de la mínima calidad, del menor atisbo de felicidad. Estoy convencido de que esto que ellos viven no es en absoluto una existencia digna.

Me es absolutamente imposible hacer esto yo solo, les he confiado mi método a mis dos colegas de mayor confianza y están decididos a ayudarme. Ambos estudiaron medicina conmigo y nuestros criterios éticos sobre lo que es tener una vida medianamente apropiada coinciden. Conocen de cabo a rabo todas y cada una de las características del caso y están de acuerdo en que hay que tomar una decisión drástica. Tras ver el vídeo en el que Nina agrede a Alejandro me han instando incluso a adelantar la fecha para poner en marcha el método.


Si esto sale bien, no ganaremos nada, ya que a nadie podremos confiar aún lo que vamos a hacer, sin embargo, habremos sentido la grandeza de quienes deciden sobre la vida y la muerte de los hombres y podremos regocijarnos en haberle dado dignidad a una persona que no ha conocido sino dolor. Confío en que esto sea suficiente pago si conseguimos solucionar el caso. Si sale mal, espero que al otro lado sea juzgada más mi intención que mis resultados”.



14 de diciembre de 2019


Así que Alejandro no debe enterarse de nada hasta el último momento, ¿no es así? Claro, la cagaría, no cabe duda. Doctor Sequera, espero que no se tome a mal lo que le voy a decir, pero obviamente no confío completamente en su método y no sé por qué estos dos insensatos que están con usted se han prestado a esta locura. Supongo que es divertido jugar a ser Dios, lo han hecho desde que les han dado el título y ya tienen asumido que pueden actuar sobre la vida de la gente. Y ahora que se les presenta la ocasión de participar más radicalmente en el juego no se lo querrán perder, claro. Pero no se crea que me estoy quejando, ni que piense que yo les importo una mierda y que todo esto sea producto de su ego personal. Estoy muy nerviosa ante lo que pueda suceder, me cuesta pensar con claridad.


Usted me preocupa. ¿Ha contemplado la posibilidad de que quien sobreviva sea Alejandro y no yo? ¿O quizás que no sobreviva ninguno? Tal vez su único objetivo sea deshacerse de uno de los dos, y cualquiera le valga, pero espero que sea consciente de que sin mí, él está perdido. Las probabilidades de que esto no salga bien son muy altas y entonces será mi fin y el suyo, doctor. Y el de sus dos amigos, por supuesto.


Es curioso que me sienta tan nerviosa. Yo no tengo nada que perder ya, tampoco puedo seguir viviendo así, con lo que si muero en unas horas me habrá hecho un favor. Siempre me ha ilusionado la idea de fumar en un quirófano, gracias por darme permiso. Me siento como una famosa, de esas que hacen lo que se les antoja y que todo el mundo le ríe la gracia, así que con esto ya me vale. Me podría ir tranquila. Y pienso que Alejandro está perdido desde que nació, así que aunque me duela reconocerlo, tampoco será una gran pérdida.


¿Por qué estoy atado a esta camilla en un quirófano? ¿Quiénes son estos dos? Por favor, ¡explíqueme lo que trata de hacer! ¿Me van a abrir la cabeza para hacerme algo extraño? Yo no he consentido nada de esto, creo que se están metiendo en un buen lío. No sé qué clase de locura es esta, yo solamente fui a su consulta por una maldita depresión de la que ya incluso me sentía mejor. No he firmado nada que le permita utilizarme como conejillo de indias.


Nina no es mi tutora, me da igual lo que ella considere que es mejor para mí. Como mínimo necesito una explicación sobre lo que van a hacer conmigo.



15 de diciembre de 2019


“Anoche firmamos el acta de defunción de Alejandro Díaz en aquel quirófano improvisado y sin leyes. Tras unos segundos de muerte cerebral mis compañeros y yo procedimos a la reanimación del cuerpo. Mientras actuábamos a toda prisa con el desfibrilador y la ventilación asistida recé con todas mis fueras para que fuera Nina quien volviera a la vida dentro de ese cuerpo, si es que finalmente podíamos rescatarlo.


Todo lo que hice fue por el bien de aquella persona sin esperanza ni vida, y por supuesto, por la conquista de la ciencia de terrenos que hasta ahora solo le habían pertenecido a Dios. Alejandro y Nina no son los únicos en esa situación. El mundo seguirá pariendo desgracias hasta el fin de nuestra historia y es nuestro el deber de congraciarnos con la vida dando soluciones a los errores de la humanidad.


Probablemente lo que haya hecho sea reprobable, sin embargo, espero que algún día la ética retire su pátina reaccionaria y entienda que hay que asumir riesgos si se quiere avanzar hacia un mundo mejor. Quizás consigamos en un futuro ser sinceros al reconocer que no siempre la vida es la opción prioritaria, hay quienes están peor vivos de lo que estarían muertos, todos lo sabemos, aunque pocos estemos decididos a admitirlo. Ojalá ese día se pueda publicar mi estudio, del que aquí dejo parte y divulgar los resultados y detalles de El Método que se encuentran anexos a esta carta. También dejo el archivo con todas las grabaciones y las transcripciones de cada una de las sesiones mantenidas con el paciente.


Espero que Nina Díaz sea feliz en adelante.”





El trastorno de identidad disociativo tiene una serie de signos y claves característicos, y aunque muchos profesionales de la salud mental no lo reconocen como tal, muchos otros sí que lo hacen. Si quieren saber un poco más sobre lo que sucede en la mente de Alejandro y de Nina, no duden en consultar este artículo:


https://www.elmundoenpalabras.net/post/en-el-infierno-del-trastorno-de-personalidad-m%C3%BAltiple


Somos los extremos de nuestra dualidad y todos los puntos infinitos existentes entre nuestro negro más profundo y nuestro blanco más puro.

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