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El Esperpento

Actualizado: 2 de abr de 2019


Lost chair by IndependentlyConceal

El protagonista camina de noche con paso rápido y firme por una acera de una gran ciudad en la que llueve a cántaros enfundado en su abrigo con el cuello subido y un sombrero calado, entra sin mirar en un antiguo teatro en cuyo cartel quedan apenas unas letras que hacen ilegible el título de la obra que se representa allí dentro. El interior del teatro está vacío, la cámara pasa directamente desde el exterior a la sala principal. La pintura negra del suelo del escenario está en zonas desgastado y las cortinas del telón de boca, moradas y negras, están raídas, el telón de fondo es negro completamente. En el centro del escenario hay una vieja silla de madera. Entra el protagonista, se quita la chaqueta y el sombrero según sale de entre bambalinas y las cuelga en un supuesto perchero que debe haber allí pero que no se ve, se dirige al centro del escenario y se sienta con desparpajo en la silla, con una pierna cruzada ampliamente. El protagonista habla de manera afectada, gesticulando con grandiosidad. De fondo se escucha una música de violín espeluznante pero a muy bajo volumen.


- Aquí, en este antiguo teatro, el esperpento, la burla, lo grotesco, las pasiones extremas y desatinadas... todo tiene cabida entre estas viejas paredes. Sin embargo, lo que parece farándula e impostura no es más que un fiel retrato del ser humano. Seguro que alguna vez has pensado que es más exagerado que lo cotidiano, que la función es una hipérbole de la realidad, pero haz el siguiente ejercicio antes de proseguir: intenta idear en tu mente algo que no exista, que parta de la nada.

Transcurre un breve espacio de tiempo y el protagonista dibuja una sonrisa de triunfo, enciende un cigarro de una llama salida de su mano, da una honda calada y continúa.

- Ahora el teatro está vacío y sólo estamos tu y yo, pero si escuchas bien podrás oír el eco distorsionado de una risotada y el alegre llanto de la más profunda tristeza.

Hace una breve pausa y estira el cuello como queriendo oír tal eco. Se pone en pie y rodea lentamente la silla mientras habla, con las manos asidas a la espalda, después de tirar el cigarrillo al suelo apenas comenzado y apagarlo con el pie.

- La imaginación humana es tan limitada que no solo es incapaz de escucharlo, sino que además es incapaz también de inventar algo más ingente de lo que ya existe, solo tiene la habilidad de realizar bocetos graciosos o como mucho levemente ingeniosos de la propia realidad. ¿Cuántos Mefistófeles habrán pisado este escenario ataviados con puntiagudas alas negras, con malévola risa o con una sulfurosa cornamenta coronando su inteligente cabeza?, en la imaginación humana, que siempre quiere buscar grandiosas excusas para sacudirse de sus hombros el pecado, del que en realidad son viva imagen y único motor, le han otorgado a los súbditos del Diablo la más refinada inteligencia, la más astuta lógica, el más tétrico de los aspectos, creyendo así que quedan liberados de sus culpas. Al fin y al cabo, más grande se es cuanto mayor es el enemigo. Aunque... ¿verdaderamente podríamos considerarnos enemigos?

Con parsimonia sirve una copa de whisky que aparece repentinamente de detrás de la silla. Se sienta y durante un breve espacio de tiempo solo presta atención a su copa, saboreándola, mirando su color a través de la luz de un foco del teatro. Al poco, parece recordar que se encontraba hablándole a alguien.

- Dime, ¿cuántas veces has culpado a la suerte de que tu camino se haya torcido en algún recodo complejo? ¿y cuántas veces, de verdad, has creído que ha sido ella la responsable?.

Mira nuevamente la copa, que desaparece súbitamente de su mano. Se levanta de la silla para que el interlocutor pueda observarle bien y extiende los brazos hacia los lados.

- Sin embargo, aquí me tienes: sin cuernos, sin cascos en los pies, solo tiene algo de demoníaco esta larga barba puntiaguda... pero esto se lo podría dejar crecer cualquier hombre, ¿no es así?

Se acaricia la barba, de la que se desprende un leve brillo y se la observa.

- Podría ser, digamos, ¿tu hermano? ¿tu compañero de trabajo? ¿tu vecino?

Golpea sus dedos unos con otros en actitud meditabunda mientras pasea de un lado al otro del escenario.

- A que sí. Piensa en el número de veces que puedes haberte cruzado conmigo por la calle, las veces que he podido sonreír a tu hijo al pasar. Recuerda, ¿alguien te cedió su sitio en la cola del supermercado el viernes pasado?, ¿repararías en mí si me vieras paseando por un parque? (un corto silencio) ¿Quién te dice que no somos una auténtica legión mezclada entre los tuyos?

Sonríe sarcásticamente y hace una leve reverencia en señal de agradecimiento para decir las siguientes palabras.

- Debo darte las gracias, nunca he tenido hambre. Por donde quiera que voy inhalo el ennegrecido aire de la discordia, y tanto me sacia, que incluso en ocasiones se me revuelve el estómago. Husmeo el espacio y tus sucios pensamientos, tus actos hipócritas, tu sentimiento de venganza, el asco que te producen otras personas, todo eso se convierte en el manjar que me mantiene vivo, a mí, y a toda la legión. Tu y los tuyos, pobres caricaturas irrisorias de ángeles, imagen y semejanza de Dios, son quienes nos han dado la vida, de hecho tenemos menos edad que ustedes. Somos el producto de la maquillada maldad que exhalas por todos y cada uno de los poros de tu piel. Sin embargo, te estarás preguntado qué sentido tiene mi existencia en este... ¿teatro?

Mira a su alrededor como creyendo resumir en el escenario un mundo. Abre los brazos en señal de que todo lo existe está entre esas paredes. Prosigue hablando con un histriónico gesto de tristeza. Las últimas palabras son dichas con indignación, el protagonista pasa del histrionismo ridículo al enfado progresivamente mientras habla. Señala acusadoramente con el dedo a su interlocutor haciéndole epicentro de la culpa de lo sucedido a Azazel.

- Recordemos al pobre Azazel: el ser humano, víctima de la codicia, del destructivo deseo que la avaricia le proporcionó, sediento de poder a cualquier precio, le pidió ayuda para crear armas de guerra y Azazel les concedió su deseo. La mujer, deseosa de ocultar sus defectos para seducir y engatusar, para engañar y obtener a cambio cuanto quisiera le solicitó ayuda a Azazel y éste las enseñó a crear cosméticos y a utilizarlos, ¿y qué hicieron tus iguales? Le culparon, le obligaron a vagar, le convirtieron en el chivo expiatorio de la humanidad.

Mantiene durante unos instantes el dedo acusador erguido, en silencio, para luego proseguir.

- Ese, sin más, es mi cometido, sentarme en el escenario mientras tú, desde la proedria, siente que todo esto no es más que teatro, durante unas horas te entregas al vodevil que crees una gran mentira, y como quien se levanta del confesionario, siente limpia su alma y ha depositado en mis hombros el peso de su vomitivo exudado que a su vez me sirve a mí de alimento. Entonces no somos enemigos al parecer, sino que esto no es más que una simbiosis en la que participa un creador y su obra. Soy todo lo poderoso que tu has querido que sea, y ahora ya no hay manera de volver a atrás y desenredar lo hecho. Sé lo que piensas: que el mundo se ha llenado de mierda, que está lleno de hipocresía, de ausencia de solidaridad, de desigualdades, pero a todo esto, ¿a qué te estás excluyendo de la gran y perjudicial masa social?.

Expresa la pregunta con tanta seguridad que es imposible no responderle asintiendo.

- Pero permíteme pensar un poco más allá.

Se sienta en la silla, a horcajadas, flexiona el tronco hacia delante y apoya los codos en respaldo, entrecruza los dedos y apoya en ellos su barbilla. Levanta la cabeza para proseguir su monólogo. A medida que habla se va irguiendo y creciendo, para acabar poniéndose en pie.

- ¿Qué ocurre con las obras una vez han muerto sus creadores? Que se vuelven inmortales, eternas, para que futuras generaciones las guarden a buen recaudo, colocándole precios descomunales y protegiéndolas para que persistan en el tiempo, a través de los años. Miles de años después seguimos contemplando lo que la mano del artista hizo en su momento, y restauramos con infinita precisión cualquier desperfecto. Así, aunque yo sea más joven que la humanidad completa soy, efectivamente, más viejo que cualquiera de ustedes. Y cuando ni uno solo de los seres humanos quede en pie sobre la faz de la tierra, yo seguiré estando aquí, como la gran obra de arte de la humanidad y ya me habré saciado tanto como para no volver a necesitar comer jamás.

Pasea ahora por el escenario con una mano en el bolsillo mientras con la otra gesticula a medida que va hablando.

- Ahora te entrará un miedo que te encogerá el alma y comenzarás a planear que es necesario destruirnos, creerás que en tus manos queda el destino del mundo, que deberás abrir los ojos a todos para que vean lo que yo te he mostrado.

Se ríe mientras da de cabeza, sin mirar al interlocutor sigue caminando ensimismado en sus pensamientos. Posteriormente se para en el centro del escenario y mira sonriente a quien le escucha.

- Créeme, cuando salgas de aquí pensarás que todo esto no ha sido más que una función como otra cualquiera a la que hayas asistido. O al menos eso es lo que yo y los míos te haremos creer. Recordarás lleno el patio de butacas y los palcos contiguos, creerás haber recogido un pequeño libreto sobre la obra que ibas a contemplar, pero probablemente habrás olvidado dónde lo pusiste. Cuando pasen los meses solo te acordarás de una noche a la que asististe a un monólogo que más o menos te gustó, una noche lluviosa.


19 PAA by IndependentlyConceal

Se coloca el abrigo y el sombrero de espaldas al patio de butacas y poco a poco va desapareciendo dejando el escenario nuevamente vacío y con la silla en el mismo punto donde estaba antes de comenzar a hablar. La débil música que ha sonado todo el tiempo se para y el silencio hace que aumente la sensación de vacío en el teatro.






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